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Estrategia

Sin investigación no hay campaña: hay corazonada

Investigar no es contratar una encuesta costosa. Es saber, antes de gastar el primer peso, qué tan conocido es usted, qué opinan de usted y quién decide de verdad en cada zona.

Wagner Mosquera 12 de julio de 2026 2 min de lectura

La objeción es siempre la misma: «no tengo presupuesto para investigar». Y casi siempre la dice alguien que sí tiene presupuesto para imprimir diez mil volantes que nadie pidió.

Investigar no equivale a encuestar. Encuestar es una de las herramientas; hay otras que cuestan mucho menos y ordenan mejor las decisiones.

Lo mínimo que un candidato debe saber

  1. Conocimiento. ¿Qué porcentaje del electorado sabe quién es usted? Si es bajo, su primera tarea no es convencer: es existir.
  2. Favorabilidad. De quienes lo conocen, ¿cuántos lo aprueban? Un candidato muy conocido y mal evaluado tiene un problema distinto —y más caro— que uno desconocido.
  3. Problemáticas. ¿Cuáles son los tres problemas que la gente menciona sin que se los sugieran?
  4. Mapa de actores. ¿Quién mueve votos en cada zona y con quién está comprometido hoy?

Leer los datos con criterio político

Un número sin lectura política es un adorno. La distinción que más decisiones ordena es esta: voto duro (ya es suyo, hay que cuidarlo y movilizarlo), voto blando (se inclina hacia usted pero puede cambiar), voto de opinión (decide por mensaje y contexto) y voto de estructura (llega por un tercero).

Cada uno se trabaja con instrumentos distintos. Tratarlos a todos igual es la forma más rápida de gastar mucho y mover poco.

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Wagner Mosquera

Director de Afro Comunicaciones. Comunicador Social y Periodista, Magíster en Comunicación Digital y Especialista en Marketing Digital, abogado, docente universitario y consultor.

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