Existe una confusión costosa entre comunicar y anunciar. Muchas entidades producen un flujo constante de boletines que nadie lee, con titulares que empiezan por el nombre del funcionario y no por el hecho.
El periodismo institucional bien hecho parte de una pregunta incómoda: si yo fuera un editor externo, ¿publicaría esto? Si la respuesta es no, probablemente el ciudadano tampoco lo leerá.
Tres correcciones inmediatas
Empiece por el hecho, no por el cargo. «Trescientas familias de Bahía Solano tienen agua potable» comunica; «El alcalde inauguró» no.
Verifique antes de publicar. Una cifra mal citada en un boletín oficial es munición gratuita para sus críticos y una mancha difícil de limpiar.
Documente el proceso, no solo el resultado. Las crónicas y los reportajes institucionales tienen algo que el boletín nunca tendrá: memoria y contexto. Son el material que sostiene una rendición de cuentas creíble.
La reputación de una institución se construye con los mismos ingredientes que la de un medio: rigor, oportunidad y honestidad. No hay atajo.